| 11 de Febrero de 2005 | NUEVA FERRETERIA |
Philips ha anunciado su decisión de cerrar su planta de fabricación en Barcelona, la última que posee en España, decisión avalada por sus pérdidas de 25 millones de euros acumuladas en los últimos cuatro años y por la comparativa de gastos y beneficios con la fábrica que posee en Polonia, de la que sale claramente victoriosa la del país del Este.
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Entre otros datos decisivos destacan que para la multinacional fabricante de iluminación, producir en Cataluña resulta, en términos globales, un 70% más caro que producir en las dos instalaciones fabriles que tiene en Polonia. Así, según este análisis de costes, sobre índice 100, producir en Barcelona cuesta 121,2 y en Polonia 71,1. Además, según el estudio elaborado por la firma Consultoría y Mediación Corporativa por encargo de Philips Ibérica, un empleado en España es un 288% más caro que en el país de Europa del Este.
Es curioso, no obstante, que en el capítulo de transporte de sus bombillas a mercados como Oriente Medio, Europa y África, desde la fábrica de Barcelona el proceso es un 36% más económico. Posiblemente el único apartado de gastos realmente favorable.
Philips se integra así en el, cada vez mayor conjunto de multinacionales que dejan España para perder menos dinero y beneficiarse de los bajos costes laborales del Este de Europa.
No es ni la primera ni va a ser la última. Está ocurriendo en todos los países y en todos los segmentos industriales. La facilidad derivada por los avances en transportes y la reducción de las trabas conlleva que se pueda decidir dónde se fabrica sin que ello tenga graves perjuicios a la hora de cumplir con plazos.
Nuestro sector, lógicamente, no va a quedar fuera de este fenómeno, al que hay que sumar el del imparable auge de las importaciones de productos fabricados en otros países, en el que por ahora China se lleva la palma.
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