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Pero el ámbito de las energías renovables no se reduce a la fuerza generadora del viento. El sol como fuente energética también es un recurso de primera entidad. La energía solar térmica y la fotovoltaica son la otra prioridad en un campo que cada vez gana más fuerza, en gran parte, gracias a las exigencias derivadas de la entrada en vigor del Protocolo de Kyoto. España es uno de los países de la Unión Europea que más debe esforzarse en el aprovechamiento de estas energías limpias, porque es uno de los que más gases contaminantes genera en el ámbito de la propia Unión.
De esta manera, se contribuye a disminuir la dependencia exterior del sector energético, se crea empleo en zonas rurales y se logra contribuir a la mejora del medio ambiente, a través del ahorro de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. El Gobierno y entidades como el Instituto para el Ahorro y la Diversificación de la Energía están llevando a cabo medidas y políticas activas para concienciar acerca del ahorro de energía y el favorecimiento de la producción de energías alternativas. Hay datos que contribuyen a poner de manifiesto los logros conseguidos en este sentido. La producción de energía de régimen especial ha pasado de poco más de cuatro mil gigawatios hora a más de cuarenta y dos mil en diez años y, por vez primera, España encabeza la potencia eólica anual instalada en todo el mundo. Las compañías eléctricas ya toman posiciones en este sentido. La inversión que realizan en energías renovables crece día a día. Además, existe ya un Libro Blanco que señala factores a tener en cuenta en el marco de las renovables. Asegurar la financiación, mantener y reforzar las primas a la producción o diseñar una cobertura normativa, son algunos de ellos. Paso a paso, dato a dato, lo necesario es contribuir a crear en la percepción del consumidor una presencia cotidiana de estas fuentes energéticas limpias, introducirlas en el acontecer diario supone traspasar el límite definitivo para que el camino recorrido ya no tenga retorno posible.
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