|
Aunque pueda parecer algo inusual y surrealista, es un hecho comprobado científicamente que la luz repercute en la motivación, en la comodidad, en la dedicación a la tarea laboral de cada uno e, inevitablemente, en la productividad de la empresa. Pero, para que esa repercusión sea favorable para la salud y transmita sensaciones de bienestar, en el entorno laboral tiene que existir una ‘buena iluminación’. Podemos definir ‘buena iluminación’ como una relación óptima entre la distribución del espacio y de la luz, definición esta que para los expertos remite a la existencia de equilibradas relaciones de luminancia, y a la ausencia de focos de deslumbramiento o de calor, según las características del entorno a iluminar. El rendimiento visual es uno de los primeros factores físicos en resentirse, y revela la existencia de escasez de luz o su mala calidad. Mientras que el resultado de la ‘buena iluminación’ revela una reducción notable del absentismo y de los errores. Por todo esto, también gana terreno como factor complementario a una iluminación positiva, la decoración del entorno laboral. Sería interesante pensar un poco en este tema y cuestionarnos que si, en algunos casos, no hay rendimiento y dedicación en el trabajo, o se detectan muchas quejas de dolores de cabeza, fatiga o estrés, se pueda deber al hecho de que probablemente existe un nivel de iluminación inadecuado o escaso. Al final, ¿cuál es la empresa que quiere tener una plantilla con este perfil?
|