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Los fabricantes de iluminación han orientado sus políticas a los esfuerzos en pro de estos dos factores. Con Philips a la cabeza, la multinacional que lidera este sector a nivel europeo es, sin embargo, en Estados Unidos donde se están promoviendo importantes avances legislativos en este ámbito, incluso llegando al caso de promover la penalización del uso de las tradicionales bombillas incandescentes.
Las nuevas tecnologías permiten un consumo considerablemente menor de energía, lo que redunda en una amortización del exceso de costo que puedan suponer los nuevos aparatos. Según responsables del Centro de Asesoramiento Industrial de
la Universidad Estatal de San Francisco, ese gasto extra quedaría reducido a cero en un periodo de un año. Además, añaden que la conciencia de ese hecho está clara para las compañías fabricantes en el mercado, aunque no ocurre así aún con los consumidores. Según las teorías que defiende, únicamente alrededor de una décima parte de la electricidad que utilizan las bombillas tradicionales sirve para proporcionar luz, mientras que las nueve partes restantes son para producir calor. Además, otro factor de interés consiste en la mayor duración que permiten las nuevas fuentes de luz, de mayor eficiencia y hasta diez veces más longevas.
En este contexto, no hay razones para pensar que no sea conveniente la necesidad de persuadir a la población de las ventajas que estas tendencias de cambio conllevan. Lograr una adecuada política de influencia en los ciudadanos para que poco a poco se pueda ir produciendo el relevo es tarea obligada para quiénes han de tomar las decisiones. Especialmente porque el ahorro energético es cada vez más imprescindible en un mundo en el que las necesidades de consumo crecen día a día y la población que demanda esas necesidades también lo hace. Ahora bien, como toda transformación importante y radical ha de hacerse con el debido cuidado y cumpliendo los plazos convenientes. Si los cambios necesarios se efectúan a mayor velocidad de la que puede asumir
la Sociedad que los reclama, dichos cambios pueden acabar resultando tan perjudiciales como lo sería no llevarlos a cabo nunca.
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