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Tradicionalmente, los distribuidores de material eléctrico se han revelado como un estamento del mercado dividido en grupos. El surgimiento de los grupos de compra, que reúnen a una serie de almacenes en la búsqueda de un beneficio y una postura de mayor fuerza frente a proveedores y clientes, sirvió de unión y también de desunión al sector. Porque cada grupo era un mundo en sí mismo y la pertenencia o no a uno u a otro –el número total excedía apenas la media docena- significaba la inclusión en una trinchera determinada. De este modo, todos los almacenes sintieron la necesidad de estar presentes en alguno de esos grupos, pero también nació una especie de rechazo a aquel competidor que, además de serlo, estuviera representado en otro grupo de cara al resto del sector.
El nacimiento de Adime no fue fácil y tampoco lo han sido sus diez primeros años de vida. La representación de la asociación ha tardado mucho tiempo en ser todo lo importante que la distribución de material eléctrico necesitaba. Porque igual que los fabricantes tienen su nexo de unión en una Asociación que reúne al colectivo, o los instaladores están integrados en asociaciones y éstas en una Federación que los representa a nivel nacional, los distribuidores tenían la misma necesidad, pero no acababa de fraguarse con todo el éxito.
Ahora, cuando Adime llega a su primera década de vida, puede refrendar y brindar por el éxito porque ha logrado el objetivo fundamental de su razón de ser: lograr una representación mayoritaria del colectivo de empresas para poder ser tenida en cuenta como patronal y como voz única ante el resto del sector. Adime es hoy una realidad reforzada por el apoyo de las grandes multinacionales de distribución, las empresas nacionales de primer nivel y, también, las pequeñas compañías que suponen un porcentaje muy pero que muy importante del sector en España.
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