| 14 de Enero de 2005 | EMOCIONA COMUNICACIÓN |
La luz eléctrica se hizo realidad hace ahora 125 años y, transcurrido ese tiempo, puede hablarse de pocos inventos tan relevantes en la historia del ser humano.
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Thomas Alba Edison contribuyó poderosamente al desarrollo y al bienestar humano con una invención cuyo verdadero alcance apenas si podía esbozarse allá por 1879. Durante casi tres años y con la ayuda de sus colaboradores ensayó seis mil fibras distintas, ya fueran de origen vegetal, animal o mineral. Para ello contaba con un pequeño globo de vidrio que le supuso varios meses de trabajo, pero al que le faltaba aún un filamento que pudiera resistir durante mucho tiempo la incandescencia.
Fue casual el hallazgo de un filamento carbonizado que se mantuviera durante un largo periodo de tiempo en el vacío sin destruirse. De este modo, la primera bombilla se formó por un hilo de carbón dentro de una ampolla de vidrio vaciada de aire. Luego, Edison perfeccionó la dinamo para generar la corriente necesaria e inventó sistemas de distribución, regulación, y medidas de corrientes eléctricas. La primera demostración tuvo lugar en 1879 y fue todo un éxito. Tres años más tarde se inauguraba el primer servicio de suministro de la historia, instalado en Nueva York.
Desde entonces hasta la actualidad, el camino del desarrollo humano ha estado estrechamente emparentado a la energía eléctrica. Casi nada en la historia del siglo pasado y, seguramente, de la de éste en el que acabamos de entrar podría entenderse lejos de un invento tan revolucionario como ése. Pero tal vez por esa misma razón, por su incorporación tan natural a la vida diaria del ser humano en multitud de terrenos, el hallazgo de Edison pasa desapercibido. No hay ningún otro invento capaz de proporcionar luz, confort, seguridad, bienestar al mismo tiempo. En la era de Internet, de las energías renovables, todas las investigaciones de futuro, la búsqueda de nuevas tecnologías, dependen en buena medida de la corriente eléctrica. No está mal rendir un pequeño tributo a aquéllos que estuvieron en el origen de algo cuyo futuro entonces apenas podía preverse y que, por esa misma razón, aún nos deparará tantas novedades como no podemos imaginar. |