| 19 de Noviembre de 2004 | EMOCIONA COMUNICACIÓN |
En las últimas semanas se han multiplicado en el mercado eléctrico las publicaciones que se ocupan del “Hogar Digital”, un concepto de vivienda moderna que aplica las tecnologías más innovadoras en busca del confort, la seguridad y el ahorro, entre otros.
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Conseguir que la cultura domótica se instale en los intereses y las necesidades de los consumidores finales es el objetivo final, pero antes es preciso que lo sea también decididamente para todos los que intervienen en el sector. Muchas veces hemos oído comentarios sobre la casa del futuro, con el convencimiento de que se trataba de una idea para un futuro lejano o bien para el presente, pero a un precio que a la gran mayoría le resultaría prohibitivo. Todas las iniciativas recientes se orientan a insistir en la realidad posible de este hogar inteligente, en el que se materialicen todos aquellos servicios que engloben conceptos como la teleasistencia, el ocio o las comunicaciones. Y lo que es casi tan importante, a un precio accesible para prácticamente todos.
El Hogar Digital no está, además, mediatizado por otras barreras como pueda ser el conocimiento de las nuevas tecnologías. Hoy en día, los habitantes de una vivienda domótico no necesitan tener unos conocimientos de ingeniería o de informática avanzados, sino que pueden satisfacer todas las exigencias de la vida moderna a través de herramientas sencillas y accesibles. Conceptos como el confort, la seguridad o el ahorro salen claramente beneficiados con ellos.
Algo nos dice que la realidad está cambiando y que con ella cambian también las percepciones de los consumidores. Pero es necesario que todos cumplan su papel, la Administración promoviendo normas y reglamentaciones que ayuden a la implantación, promotores y constructores integrándolas en las obras que emprenden, operadores de comunicaciones adaptando los productos y facilitando su acceso, fabricantes de productos domóticos con la apuesta decidida por un mercado que hasta ahora no ha supuesto una fuente importante de ingresos pero que deberá serlo en un futuro, instaladores eléctricos haciéndose eco de todo ello y mentalizándose de que pueden diversificar su actividad y dotarla de un mayor valor cualitativo, proveedores de servicios y contenidos generando la expectativa y el interés de los consumidores. Todos, en definitiva, deben implicarse y caminar hacia la progresiva implantación, porque se trata de una carretera de una única dirección en cuyo viaje la Sociedad debe estar continuamente implicada y cuyo destino no es otro que el Progreso. |