| 22 de Octubre de 2004 | EMOCIONA COMUNICACIÓN |
Como tantos otros, el sector eléctrico todavía entiende la cultura preventiva más como la obligación de cumplir con la ley que como un imperativo de la labor empresarial.
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No obstante, conceptos como éste se van introduciendo paulatinamente en nuestro lenguaje laboral hasta persuadirnos de la necesidad de incorporarlos de verdad a nuestra actividad diaria. Mentalizarnos y contribuir a que lo hagan el resto de trabajadores y empresarios es una de las asignaturas pendientes a corto plazo. El trabajo seguro no es un trabajo lento o poco rentable, es un trabajo eficaz para ambos. Si nos referimos a la cultura de la prevención no lo estamos haciendo sólo al mero hecho de elaborar procedimientos, debemos también sacarlos a la luz y difundirlos en la medida de las posibilidades para lograr que haya una mayor conciencia general al respecto. Los trabajadores deben, además, ser conocedores del compromiso y la política de los gestores empresariales acerca de la prevención, que es justo aquello que se sitúa entre el riesgo de accidente y el accidente mismo.
En la actualidad, una empresa puede llevar a cabo una gestión de la prevención sin haber incorporado para nada lo que llamamos cultura preventiva. Puede desarrollar el cumplimiento formal de la legislación sin que, por otra parte, haya más implicación directa del empresario en este asunto. Ese liderazgo y esa capacidad para encabezar las iniciativas en materia de prevención son los que permiten que la cultura de la prevención vaya haciéndose un hueco en la actividad de los trabajadores. Planificar y organizar los trabajos, generar confianza en la cadena de mando y transmitir esa misma confianza para enfrentarse a todos los recelos y temores que genera cualquier cambio de importancia, son factores de vital importancia. A partir de ahí, es necesario todavía controlar todas las variables laborales que influyen para que se puedan evitar la mayor parte posible de los accidentes que son susceptibles de producirse.
Porque el riesgo forma parte de muchas actividades laborales y eliminarlo no siempre está dentro de lo posible. Pero sí lo es recudirlo al máximo, lograr que sea un riesgo controlado y que dependa de nosotros mantener la vigilancia sobre ese control. Pese a los avances y los esfuerzos en materia legislativa, ejemplificados en la entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, todavía no ha tenido lugar la verdadera transformación. Asumir que la exigencia acerca de la prevención va más allá del cumplimiento de una normativa, sino que hay que entenderla como una apartado más de la propia cultura empresarial, es el paso pendiente para que dicha transformación se produzca. El sector eléctrico no es ni mucho menos ajenos a ese Rubicón. |