| 25 de Enero de 2007 | EMOCIONA COMUNICACIÓN |
La actualidad que rodea el trabajo del instalador eléctrico está determinada por factores que alejan su profesión de las ideas y conceptos más tradicionales. La tecnificación se da por sabida, pero el grado que ésta ha alcanzado en la etapa más reciente y el que es previsible que siga imponiéndose implican una obligada adaptación a las nuevas tecnologías.
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Normativas y reglamentaciones cada vez más exigentes, áreas de actividad cuyo campo de actuación se multiplica –las telecomunicaciones, por ejemplo- y una evolución cada vez más compleja de los productos y los sistemas que se fabrican, en una escalada de competitividad motivada por la demanda que mueve el mercado, son algunas de las características que condicionan la evolución del sector que afecta al profesional. La energía eléctrica cobra cada día más importancia, si cabe, en la vida actual y con ella la de quiénes tienen que ver, de uno u otro modo, con todos los procesos para su aplicación.
En este contexto no resulta extraño que el instalador eléctrico deba adaptarse con rapidez a cualquier cambio tecnológico. La incorporación de la informática a todos sus procesos tiene efectos directos sobre su trabajo en diferentes formas de rendimiento. Por citar sólo un ejemplo, la tramitación telemática de todos los procesos burocráticos y administrativos necesarios para legalizar las instalaciones que un instalador ejecuta, ha pasado con rapidez de ser una ventaja a una necesidad. Fundamentalmente porque hablamos de una actividad en la que el volumen de trabajo en los últimos años no ha dejado de crecer y las posibilidades de incorporación a nuevos ámbitos como las citadas telecomunicaciones o la domótica, que requieren de una evidente adaptación a nuevas y más evolucionadas tecnologías, también han aumentado considerablemente. Un escenario tal también supone una mayor necesidad de control financiero y de una gestión empresarial más profesional. Y esto también pasa necesariamente por las nuevas tecnologías.
En la medida en que su trabajo está ligado inevitablemente al componente tecnológico, la adaptación del instalador a éste resulta cada día más necesaria y se impone como una evolución natural. No obstante, como toda adaptación, debe conducirse según el ritmo más adecuado y siguiendo las pautas más lógicas de dicha evolución natural.
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