| 27 de Junio de 2006 | EMOCIONA COMUNICACIÓN |
Uno de los principales problemas generados por la iluminación de las ciudades tiene que ver con la contaminación lumínica que provoca la luz artificial, generada y proyectada innecesariamente hacia el cielo, impidiendo la correcta observación de los cuerpos celestes.
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Según la Asociación Internacional Cielo Oscuro este problema afecta a dos tercios de la población mundial, con el consiguiente desperdicio de energía que, sólo en Estados Unidos, supone seis millones de toneladas de carbón y veintitrés millones de barriles de petróleo al año, o lo que es lo mismo, alrededor de mil millones de dólares. Aunque en España el derroche no adquiere estas proporciones, según cálculos de la Universidad Politécnica de Cataluña, la luz emitida hacia el cielo en esta comunidad autónoma equivale a un millón de bombillas, mientras que la reducción de la contaminación lumínica supondría una reducción del consumo anual de energía de doscientos cinco millones de kilovatios, en torno a los veintiséis millones y medio de euros cada año. Si estas cifras son trasladadas al país completo, estaríamos hablando de más de un millón de kilowatios anuales y ciento treinta y dos millones y medio de euros.
Al mismo tiempo, este derroche supone también una contaminación ambiental por la emisión de dióxido de carbono. Para el presidente del Grupo de Protección del Cielo, el progreso hacia una mejor iluminación y una menor contaminación de la luz artificial es lento. Por su parte, para los responsables del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía, la capacidad de ahorro de este sector se estima en un potencial medio de un 20 por ciento, cifra nada desdeñable si se tiene en cuenta también lo que puede contribuir a acercar a España a los protocolos firmados en los acuerdos de Kioto.
Se trata, en todo caso, de un problema de sensibilidad medioambiental, conciencia de ahorro y a favor de la búsqueda de espacios más humanos y menos deteriorados. En la medida que el sector eléctrico está implicado directamente en la cuestión, debe contribuir a procurar iniciativas en consonancia con todo ello. Astrónomos y ecologistas reclaman una ley que proteja al cielo nocturno de la contaminación de la luz, pero incluso los colectivos que se dedican por completo a la iluminación tienen que fortalecer su criterio en este sentido, porque a la larga, el beneficio a favor de la Sostenibilidad es un beneficio de todos. |