| 21 de Abril de 2006 | EMOCIONA COMUNICACIÓN |
La sociedad occidental ha pasado de un rechazo activo a energías alternativas como la eólica, debido a razones de impacto paisajístico u otras, a considerarlas como un argumento de combate a favor de lo medioambiental, gracias a sus procedimientos limpios y eminentemente naturales.
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La sensibilidad social frente a las energías renovables ha sido, tradicionalmente, uno de los caballos de batalla contra los que ha tenido que luchar el sector. La queja habitual del colectivo ecologista y conservacionista empleaba argumentos como el deterioro del paisaje que suponen, por ejemplo, los molinos de viento. Sin embargo, de un tiempo a esta parte esa sensibilidad se ha reducido notablemente. Incluso puede decirse que las energías renovables son ahora políticamente rentables desde el punto de vista ecológico, puesto que se contraponen a otras formas de generación de energía mucho más cuestionables, como es el caso de la energía nuclear.
Cada vez más, la sociedad está persuadida de la importancia de primar el cuidado de lo natural y lo medioambiental, mientras se sigue manifestando claramente en contra del desarrollo nuclear. Ahora bien, es preciso progresar en aquellas energías alternativas que permitan hacerlo de un modo adecuado. Lo medioambiental no sólo está de actualidad en el sector eléctrico en lo que respecta al desarrollo de la energía. También los residuos mantienen al día este ámbito. Los diferentes agentes sociales están obligados a ofrecer soluciones a la crisis ecológica en la que nos hallamos inmersos.
La apuesta por el desarrollo sostenible es lo único que podrá evitar un absoluto colapso del modelo socioeconómico y medioambiental en el que vivimos actualmente en Occidente. Por eso es necesario hacer hincapié en las políticas activas de protección ecológica, sin olvidar que esa apuesta está en consonancia con el apoyo a realidades cada vez más introducidas en nuestra vida actual como son también las energías renovables.
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