| 18 de Julio de 2005 | EMOCIONA COMUNICACIÓN |
El imparable aumento del consumo energético puede acarrearnos un problema de serias consecuencias, si no entendemos que se trata de un bien escaso y que consumirlo sin medida es sinónimo de dilapidarlo.
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Desde los diferentes ámbitos gubernamentales y de la Administración se están empezando a poner en práctica iniciativas que caminan a favor de la reducción de ese consumo, la creación de agencias específicas orientadas al ámbito de la energía es una de ellas. No obstante, son todavía movimientos incipientes, que requieren del refuerzo de la política activa a través de medidas que fomenten también el ahorro energético. A veces, esas medidas son confusas y parecen poco estudiadas para ser puestas en práctica. Algo así ha ocurrido con la idea de castigar el incremento del consumo con unas tarifas crecientes en precio, sin tener en cuenta que en ese proceso se acaba perjudicando a los consumidores privados sin conseguir una verdadera reducción, más allá del efectismo que pueda lograr el impacto mediático de la ley o norma que lo regule.
Lo cierto es que el problema va mucho más allá y necesita de actuaciones en muy diversos ámbitos. Las compañías eléctricas se mueven en el centro de ese escenario, porque sufren, especialmente en estas fechas veraniegas, el problema del incremento del consumo con unas dificultades en el abastecimiento que cada vez parecen resultar más preocupantes. Comoquiera que no hay una actuación política adecuada en relación con la generación de energía, tampoco parece que los problemas sean fáciles de resolver a medio plazo.
La contaminación lumínica es otro de los síntomas evidentes del derroche. Existe un convencimiento extendido entre los expertos acerca del exceso de iluminación que padecen nuestras ciudades. El crecimiento potencial y real de sus posibilidades tecnológicas, las ventajas que aporta a la vida en la sociedad actual y los argumentos casi demagógicos relacionados con la seguridad, ya sea personal o vinculada al tráfico de vehículos, así como su parentesco directo con la captación de votos electorales, han llevado a que las actuaciones en este sentido estén muy cerca del derroche y estemos llevando la luz exterior a espacios en los que no se requiere para nada.
Estos son sólo algunos detalles que ponen en evidencia el riesgo que supone no llevar a término políticas activas para contener el gasto. Está demasiado extendida la equivocada idea de que la energía es un bien infinito. Sin embargo, los recursos disponibles no lo son, y es preciso desde ahora contribuir a crear una conciencia general sobre el riesgo de derrocharlos.
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