Los arquitectos Eduardo Gutiérrez y Jordi Fernández de ON-A, recientemente galardonados por los Premios de Arquitectura de las Comarcas de Girona con una Mención Especial, han diseñado el lounge bar “5 Sentidos”, en Empuriabrava (Girona). Esta sorprendente solución arquitectónica ha nacido de la inspiración en la imagen de una célula ósea, con múltiples cavidades interiores separadas por mallas tridimensionales de acero. En el interior también destacan las características del vidrio “Crisunid California”, de la empresa Cricursa.
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El lounge bar 5 Sentidos se asienta en un local de unos 200 m2 y se encaja en un edificio de tan sólo dos plantas. De los 200 m2, unos 140 se hallan bajo el edificio, mientras los restantes conforman la terraza.
El lounge, situado delante de una pequeña plaza que recibe el nombre de la plaza de iglesia a pesar de que carezca de ella, nace con dos premisas básicas. En primer lugar, la singularidad propia de su ambiente. Y en segundo lugar, el trato exclusivo al cliente. Por ello, los arquitectos Eduardo Gutiérrez y Jordi Fernández de ON-A, recientemente galardonados por los Premios de Arquitectura de las Comarcas de Girona con una Mención Especial, han creado un único espacio, con una solución arquitectónica capaz de generar una gran cantidad de percepciones diferentes: visuales, cromáticas, auditivas, sensitivas, etc,...
La previsualización del tipo de clientela del bar ha sido uno de los puntos clave en la idea del proyecto. De esta manera, se ha definido una barra para aquellos clientes que prefieran este formato, así como unos espacios reservados para grupos, una zona de uso más generalizado y otros espacios más tranquilos de configuración variable que quedan matizados por la posición central de los privados. Con este sinfín de posibilidades, el proyecto permite a cada cliente encontrar su espacio particular, aquel que se ajuste a su personalidad y al tipo de ambiente que prefiera en cada ocasión.
Inspiración en una célula ósea
La configuración del local y de los diferentes espacios nace de la inspiración en la imagen de una célula ósea, cuyo interior se caracteriza por tener múltiples cavidades colindantes que sólo se separan entre sí por el material que hará las veces de “paredes” y “techo” y que se halla perforado. Así, permite dividir los espacios pero a su vez posibilita la conexión visual entre ellos.
Para generar este tipo de material se optó por el acero, generando una malla tridimensional, irregular, deformada, estirada y moldeada que se adapta a la arquitectura existente en el edificio, cubriendo el espacio de terraza y generando los espacios requeridos. La malla ha sido formada por casi 400 piezas de acero de 3 mm de espesor, cortadas con láser y plegado que, conectadas entre ellas, conforman este entramado de material perforado. Todas las piezas son diferentes y, en total, se contabiliza hasta 1.500 caras, todas ellas así mismo distintas. De esta manera, se consigue que cada perspectiva sea singular, y que cada reflejo o matiz de la luz también evoque sensaciones distintas.
Con el objetivo de enfatizar la presencia de esta malla y darle el protagonismo que se merece, los arquitectos decidieron pintarla de blanco y situarla dentro de una “caja negra”, la caja que conforman las paredes, techos y suelos que son de este color. Sobre las paredes y techos del local se ha proyectado un absorbente acústico de acabado rugoso que, a posteriori, se pintó de negro.
Así mismo, las instalaciones también son negras o están pintadas de negro, y pasan por el espacio comprendido entre el proyectado acústico y la malla metálica, de manera que se distribuyen libremente por el techo y quedan ocultas por el contraluz de la iluminación.
Para conseguir el efecto deseado, además, se instaló un pavimento continuo de piedra de cuarzo negra con pequeños toques en gris. Las juntas del pavimento siguieron la lógica de la geometría de la malla, de manera que quedan plataformas separadas entre sí y de la estructura metálica por una junta de casi un centímetro de resina elástica negra.
Iluminación
Para la iluminación se pensó en un sistema que posibilitara los cambios de color, uno de los efectos buscados por el cliente, permitiéndole jugar con las sensaciones que se desprenden de los diferentes ambientes. Así, se puede percibir el rojo y el calor en invierno o inundar el espacio de colores fríos en verano, o trasladarse de la noche del verde selvático a los naranjas del desierto. Para ello se han colocado seis planos de luz independientes con un sistema de fluorescencia RGB, de manera que se puede conseguir cualquier color y distinguir unas zonas de otras. Focos puntuales sobre las mesas y luces ultravioletas -empotradas en el suelo y que hacen reaccionar algunas zonas pintadas con pintura especial-, completan una iluminación pensada para efectos especiales en momentos puntuales.
Vidrios
Desde el exterior del lounge bar podemos ver la malla tridimensional blanca que sale de las entrañas del edificio. Lo vemos a través de unas dinámicas aperturas de vidrios azulados y formas múltiples. Para conseguir este efecto, Cricursa ha propuesto combinar las ya conocidas altas prestaciones del film de control solar “Crisunid California” con su conocida versatilidad para laminarlo con butirales de color, en esta ocasión, en dos tonalidades de azul escogidas por los arquitectos.
Cricursa, lamina el sofisticado poliéster incoloro de tecnología americana, “Crisunid California”, entre dos butirales sin tener que retranquearlo o decaparlo en su perímetro, como en el caso del resto de vidrios de capa magnetrónica (tecnología de deposición metálica de capa blanda, también conocido como “off-line”). El “Crisunid California” evita la entrada de infrarrojos de onda larga de forma muy eficiente con una reflexión solar de más del 50%. Su combinación con el PVB azul aporta, aparte de color, un control de la transmisión de visibles, minimizando así, la excesiva cantidad de luz en el interior del bar.
Uno de los huecos es una gran puerta de entrada pivotante que nos invita a entrar al local. La barra se halla al fondo y a los laterales encontramos dos privados con un suelo de pavimento continuo pero que, en lugar de la piedra de cuarzo, es en este caso vidrio negro y transparente con hilos de fibra óptica de emisión lateral, que van cambiando de color a lo largo de la noche, dándonos la sensación de estar pisando material vivo.
Dejando atrás los privados, entramos a dos espacios con televisores, la zona de trabajo y la gran caja de madera negra de los servicios, que queda como atrapada en la telaraña de metal.
A la luz del día, y desde el exterior, el lounge bar 5 Sentidos de Empuriabrava nos sugiere un volumen azul intenso de facetas irregulares. Mientras, de noche, esta amalgama de ambientes se convierte en una extraña lámpara de colores variables.
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