Algo parecido sucede con el ruido, que durante muchos años ha sido considerado como un factor ligado al lógico desarrollo tecnológico e industrial.
Una especie de tributo que el ciudadano de a pie tenía que abonar religiosamente si quería participar en la "vida moderna". Pero esta creencia ha ido cambiando durante los últimos tiempos, habiéndose generado actualmente una creciente demanda social respecto al derecho a la vida carente de ruidos. Cada vez más, se valora disfrutar de un adecuado ambiente acústico, no sólo fuera de las edificaciones, sino también en su interior.
Y es ahí, "en su interior", donde entra de lleno nuestro sector, la construcción. En este sentido, la reciente aprobación de la normativa DB-HR y que el aislamiento acústico deba cumplirse –como en el resto del CTE– "in situ" y en la obra terminada, es sinónimo de garantía para todos.
Por si a alguien le queda aún alguna duda, la ministra de Vivienda, Carme Chacón, no deja oportunidad para recordar a todo el sector que luchar contra el ruido es muy rentable, tanto en términos sociales, como culturales y económicos, tal como ha señalado recientemente en la inauguración de la I Conferencia de Ruido Ambiental.
Aboguemos, entre todos, por una vida sin ruido, lo que sin duda es sinónimo de una sociedad de progreso.