Bodega Regalía de Ollauri en La Rioja

3 de Diciembre de 2007 | REED BUSINESS INFORMATION - REVISTA ARTE Y CEMENTO
Obra de los arquitectos Javier Arizcuren Casado y Miguel Alonso Flamarique, la bodega Regalía de Ollauri es una construcción de geometría prismática que se integra en el entorno aprovechando su topografía. Pese a todo, tiene vocación de ver y ser vista.

La bodega se ubica en una parcela de 50.000 m2, propiedad de Vinos de la Regalía de Ollauri, conocida como La Horca. El terreno cuenta con dos zonas claramente diferenciadas: por un lado, la más próxima a la carretera –destinada a cultivo
y sensiblemente llana– y, por otro, el resto, de topografía mucho más abrupta y vegetación autóctona con repoblación de pinos y encinas.
 
En la parte alta del cerro, y desde la bodega, se consiguen magníficas vistas; al suroeste, se divisa la cima del San Lorenzo; al oeste, el municipio de Ollauri; al noroeste, el de Haro y al norte, la Sierra de Cantabria.
 
El programa funcional de la bodega se puede agrupar en dos categorías: espacios destinados a oficinas o zona social –que alberga el área de administración, recepción de visitas y control de acceso, despachos, sala de juntas, archivo, laboratorio y sala de catas, entre otros servicios– y los espacios de bodega propiamente dichos, que incluyen la zona de recepción del producto, la zona de elaboración, con depósitos de acero inoxidable y hormigón, la zona de crianza en barricas, el botellero y cementerio de botellas y la embotelladora. La elección de la parte alta del cerro para enclavar la bodega obligó a que una parte de su programa se desarrollase bajo rasante, logrando evitar así el impacto visual de una construcción de este tamaño sobre el paisaje. Esta integración tiene mucho que ver con la construcción tradicional del barrio de las bodegas que preside la parte alta de Ollauri, montículo cercano al centro del pueblo en el que se aprovechan sus laderas para excavar las bodegas.
 
A la bodega se llega mediante un camino que, partiendo de la carretera a Hormilla atraviesa por el centro el futuro viñedo para iniciar un ascenso con pendiente constante al 8% que conduce a la parte alta de la bodega. A mitad de recorrido aproximadamente, una desviación permite acceder al patio de trabajo, carga y descarga y salida de subproductos de vinificación. 
 
Este recorrido tiene un marcado carácter escenográfico, y se puede considerar el comienzo del recorrido de una visita, ya que se atraviesa el viñedo viendo la bodega en lo alto y se llega al atrio desde el que se introduce la uva en la bodega, que es punto de entrada también de las visitas.
 
Criterios funcionales y compositivos
El programa funcional planteado por la propiedad es el de una bodega de tamaño medio no muy diferente de otras de su mismo volumen productivo. No obstante, sí que había  dos condicionantes de partida que la diferencian del resto y que han sido determinantes en la resolución de la misma.
 
Por un lado, y por criterios enológicos, el recorrido de la uva desde su llegada a la bodega hasta la finalización del proceso debía ser por gravedad, lo que implicaba  tener que “escalonar” diferentes zonas, tal y como se refleja en las secciones del edificio. Por otro, la bodega debía de dar respuesta a una demanda cada vez mayor en este tipo de instalaciones, que no es otra que su vertiente lúdico-social, lo que requería otorgar más importancia a los espacios de ocio y los recorridos de las visitas a la bodega. Por ese motivo, éstos se piensan para permitir al visitante recorrer la totalidad de la bodega con dos premisas fundamentales; que se produzcan “paralelos” al recorrido de la uva con el fin de dar coherencia a la explicación que da la persona que guía la visita y que no interfieran en la normal actividad de la bodega. Los visitantes entran en la parcela y, a través del camino ascendente atraviesan el viñedo y llegan a la zona de aparcamiento. A ese nivel están las oficinas, que hacen las veces de recepción de visitantes, con el fin de optimizar el personal, al fondo de las cuales el “mirador de Ollauri” permite a la guía iniciar la visita con una explicación sobre los viñedos y la tradición vinícola del municipio, para, posteriormente descender a la zona de recepción y elaboración. 
 
De ésta, mediante una pasarela desde la que también se puede ver el botellero se llega a la zona del montacargas desde donde se puede optar por una visita larga descendiendo al botellero o incluso a la embotelladora o pasar directamente a la zona de barricas. Después de pasear entre las mismas se asciende al mirador del viñedo que se ha atravesado entrando en la parcela y desde el que también es visible el monte San Lorenzo. 
Una pasarela sobre las barricas nos lleva a la zona social donde se puede degustar un vino y adquirir unas botellas viendo la nave de barricas y la Sierra de Cantabria. Este recorrido admite infinidad de variantes, dependiendo del momento del año en que se realice, el número de personas que compongan el grupo, su relación con la bodega, etc.
 
Zonas perfectamente diferenciadas
En el interior del edificio, los distintos espacios, como las oficinas, la zona de elaboración o la de embotellado, están claramente diferenciados por su volumetría. En la sala de barricas, se han dispuesto lamas de madera, que aportan calidez a la estancia a la vez que ocultan las instalaciones existentes por la cara superior de las mismas. Además, generan una secuencia rítmica hacia el exterior donde  se integran con la carpintería de aluminio de la fachada,  de Technal.
 
Una carpintería muy ligera visualmente
Para completar este ciclo de ritmos se seleccionó el modelo de ventana "Epure" ya que permite ocultar el bastidor de la misma detrás de los pilares metálicos estructurales. Esta solución, en acabado plata mate, permite ganar más dimensión de superficie acristalada y, al mismo tiempo, minimizar la sección de perfilería vista desde el exterior. Sus prestaciones de aislamiento térmico y acústico garantizan un notable ahorro energético en calefacción y aire acondicionado, logrando unos índices que reducen en un 55% las pérdidas térmicas respecto a una ventana sin rotura de puente térmico. Además, con un doble acristalamiento permite reducir el ruido en 36 dB, asegurando el  máximo confort en el interior del edificio.
 
Por otro lado, la carpintería a colocar en la zona de los miradores anteriormente citados requería ser muy ligera visualmente, contar con una óptima estanquidad y tener asegurada su estabilidad estructural, ya que está en una zona muy expuesta al viento. Por ello, se optó por el muro cortina "Mecano Parrilla Tradicional", de Technal.
 
Además, gracias a las distintas formas y profundidades que se le han dado a las tapas verticales y horizontales de la parrilla se ha creado un efecto de relieve en la piel de la fachada. La nota final recae en el empleo de aluminio anodizado que provoca un atractivo juego de brillos, contrastes y variaciones cromáticas, debido a su comportamiento ante la luz.

 
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