A nadie hay que recordar la importancia que ha representado, está teniendo y tendrá en un futuro próximo el desarrollo y puesta en marcha por completo del Código Técnico de la Edificación. Si bien es cierto que siempre habrá detractores –los hay en todos los ámbitos de la vida, y por qué no iba a haberlos en nuestro sector–, sin duda alguna es una norma esperada y deseada por el conjunto de la construcción. Claro que se puede mejorar, y por eso la importancia de ser un "código vivo", en constante adaptación a las necesidades del sector y de sus profesionales.
Recientemente –el 19 de abril pasado–, entró en vigor la Ley de la Subcontratación. En su articulado impera, sobre todo, la idea de proteger adecuadamente a los trabajadores implicados, sin interferir más allá de lo razonable en el normal desenvolvimiento de las empresas. Algo aparentemente sencillo, pero que en la práctica parece que hasta ahora no lo era tanto.
Por su parte, la Ley de Contratos del Sector Público va a significar, sin duda, un cambio sustancial respecto a lo hasta ahora establecido, tanto para las empresas constructoras como para la propia Administración.
Tampoco podemos olvidarnos de la Ley del Suelo, cuya entrada en vigor está prevista para el 1 de julio; ni del Código Penal, con el cual, por primera vez en la historia de nuestro país, y de acuerdo con el Proyecto de Ley, las empresas pueden delinquir, con lo que ello conlleva.
Pues bien, todas estas innovaciones en el ámbito legislativo –y algunas más–, nos dan buena idea del peso que sigue representando la construcción en el conjunto de la economía de nuestro país. Sin duda, fiel reflejo de que sigue siendo –y lo será por muchos años– un sector vivo, en pleno crecimiento.